Amanecieron mis labios sobre los tuyos
y los míos fueron testigos de tu ser completo.
En cada una de tus palabras
hallé las caricias que despertaron mi alma,
hallé las caricias que despertaron mi alma,
en cada uno de tus deseos se encendieron los míos...
Se cerraron mis ojos … y se cortó mi aliento,
dejando libres mis delirios para que vinieras hasta mí,
mordiendo mis labios y amándote lento,
desbordándome plena en un infinito río
que entregué como ofrenda.
No podríamos encontrar más plenitud
que en la bendita locura de amarnos...
Nada podría ser más bello que el momento único
en que entregamos el corazón a través de nuestra esencia.
Cierra tus ojos , déjate llevar por el sublime paso del deseo,
derribando las fronteras y fundiéndonos en la misma célula...
con tus sueños y los míos
abrazados en esta divina realidad.
A Leo, el Hombre que yo Amo.

























